Japón, el Imperio del Sol Naciente

Escrito por Silvia Villagómez, noviembre 2014.

Este año le  tocaba a mi chico elegir nuestro viaje, me dijo: “he decidido Japón” y yo le pregunté: “¿y por qué Japón, qué tiene Japón?”… y vaya pregunta más absurda, porque hasta que no conoces Japón no te haces una idea de lo afortunada que eres por haberlo conocido. A día de hoy me he dado cuenta que si bien es un fastidio nacer en ciertos lugares del planeta, nacer en Japón es un privilegio. Según aterrizamos en Tokio fui enamorándome de la cultura de los japoneses, su educación, organización, tolerancia, paciencia, limpieza…

Nuestro primer destino fue Kyoto, la ciudad de los templos, para mi fue el despertar a otras costumbres que desconocemos. Recuerdo que la primera noche cenamos en Chojiro, un restaurante de barra giratoria en la que te encuentras platos exquisitos de sushi, sashimi y el pedido lo hacías a través de un ipad que se encuentra en cada mesa, el ipad estaba allí, sin atar a la mesa y sin ningún temor de que nadie se lo llevase en un bolsillo… ahí mismo me dí cuenta de lo decentes y respetuosos que son los japoneses, no conciben que nadie se lleve lo que no es de su propiedad. Sin duda, Kyoto puede dejarte boquiabierto por la cantidad de templos tan preciosos que tiene y sus correspondientes jardines zen con lagos, que nunca faltan, en los que podías pasarte las horas muertas disfrutando de la paz y detallismo que emanan.

En estos día no podíamos parar de probar todas las distintas comidas y los dulces tan singulares que se ponían por delante, y todo exquisito, ¡qué gastronomía más saludable y buena! Durante nuestra estancia en Kyoto pudimos visitar también Osaka y su castillo, todo un monumento. También fuimos a Nara, que se puede visitar en un día y no hay que perdérselo, ver ciervos sueltos por la ciudad a los que consideran sagrados, y a los que puedes acariciar y dar de comer es toda una experiencia.

Nuestros días acababan en Kyoto y nos fuimos desplazando hacia el sur de la isla Kyushu, antes de nada quiero destacar que ir al sur es la mejor decisión que hemos tomado, puesto que ha sido una sorpresa ver que Japón es muy verde, con montañas frondosas y volcanes traviesos. Por supuesto conocimos Hiroshima, su castillo y como no, el parque de la Paz, en recuerdo de todos los fallecidos y heridos por la bomba nuclear. De Hiroshima partimos a la mañana siguiente a Miyajima, imprescindible. En la isla de Miyajima vimos el Templo Itsukushima, a primera hora del día su gran Torii flotante se encuentra dentro del mar, pero según acaba el día y la marea baja pudimos acercarnos hasta el Torii ¡e incluso tocarlo! y por supuesto ya que estamos en Miyajima subimos hasta la cima, su punto más alto, lo que se conoce como el Monte Misen, pudimos subir en teleférico y luego andar un pequeño trecho que merece mucho, mucho la pena.

Para aquellos que aman la naturaleza en su estado puro, como es nuestro caso, y como seguíamos descendiendo hacia el sur de la isla es imprescindible visitar el Monte Aso, o mejor dicho el volcán, cuando lo conocimos se encontraba expulsando gases y no pudimos subir a la cima con un teleférico que existe ya que podía ser peligroso, pero ser testigo de una gran fumarola saliendo de un cono de una montaña con olor a azufre rodeado todo ello de montañas verdes te pone los pelos de punta.

Otra ciudad que nos encantó fue Kumamoto, su castillo es una visita obligada, pero lo que más me llamó la atención de esta ciudad es el jardín Suizenji, lo conocimos una tarde, según paseábamos por él nos sentimos cautivados por su armonía y tranquilidad, todavía estaría sentada allí contemplándolo… Otro volcán que nos dejó locos por su belleza fue el Sakurajima, frente a la ciudad de Kagohisma, allí cogimos un bus que hace varias paradas y te da la oportunidad de hacer fotos muy chulas, no olvidemos que este volcán actualmente tiene actividad volcánica.

Y para finalizar con el sur de la isla de Kyushu hicimos una excursión por Ibusuki, es una ciudad tranquila, y en la misma se encuentra el Lago Ikeda, que está poblado de anguilas. Por si todavía no nos había dejado fascinados lo ya visto, conocimos los Alpes Japoneses, allí se encuentra un pueblo llamado Shirakawa-go, con sus casas típicas de tejados inclinados, rodeado de montañas, maravilloso. Terminamos con nuestros largos recorridos con el famoso tren bala (shinkansen), que nos ha podido trasladar por todo nuestro periplo por Japón, en Tokio.

¿Qué decir de Tokio?, es la meca de la civilización, donde se mezclan millones de japoneses respetándose, los cuales se mueven a través de miles de redes ferroviarias, barrios cosmopolitas, algunos dedicados a la electrónica de última generación, otros donde encontraremos tiendas con ropa friki… y así un no parar de sorprenderte. También hay parques y jardines donde poder pasear, torres en las que se puede subir y fotografiar la ciudad, y tiendas y más tiendas en las que podrás consumir y consumir…

Ah, me olvidaba, el Monte Fuji, situado a 100 km. de Tokio, con poca actividad volcánica, que se encuentra rodeado de lagos, nos dirigimos hacia el lago Kawaguchi, desde el cual puedes ver el Fuji, nosotros alquilamos una bici y rodeamos este lago, y gracias a esto pudimos ver el Fuji despejado desde distintos puntos.

Y este ha sido mi viaje por el Imperio del Sol Naciente, espero hayáis disfrutado con este relato tanto como yo disfruté visitándolo.

 

2 thoughts

  1. Me ha encantado, tengo unas ganas tremendas de ir a Japón, todas las personas que lo visitan hablan maravillas de este país, ojalá pueda ir pronto!!!

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